Discurso de inauguración del edificio pronunciado por el Director de la Escuela Industrial de la Nación
En la
tarde del 24 de mayo de 1909, se realiza el acto de inauguración
oficial del actual edificio de la Escuela, en Paseo Colón 650 de esta
Capital. Una vez en el Salón de Actos, y luego de haber recorrido la
comitiva las instalaciones, el Director de la Escuela inicia el acto
dando el siguiente discurso, que se transcribe textualmente:
"Señor Ministro,
Señoras y Señores:
Durante 32 años
he actuado en la enseñanza y en todo tiempo me he preocupado de los
problemas educacionales de mi país. Recibí, por lo tanto, con agrado,
en el año 1898, el ofrecimiento que me hizo el Director de la Escuela
de Comercio Señor Fitz Simon, de la Dirección Técnica del Departamento
Industrial anexo a dicha escuela y que acababa de ser creado por el
entonces Ministro de Instrucción Pública, Doctor Antonio Bermejo.
Con la creación
de ese departamento, se trataba de implantar una nueva enseñanza en el
país, que tuviera por fin fomentar el estudio y la práctica de los
procedimientos industriales, abriendo al mismo tiempo nuevos rumbos a
la juventud estudiosa, absorbida hasta entonces por las profesiones
liberales universitarias.
Al tomar
posesión del nuevo cargo, mi primera preocupación fue la de asentar
sobre bases sólidas la enseñanza que se quería implantar, para que
pudiera realmente satisfacer las necesidades de esta sociedad.
La práctica
profesional y mis cargos de profesor en la Facultad de Ingeniería, me
han hecho ver que existía un vasto programa de conocimientos técnicos
de la mayor importancia en las industrias, que podrían ser
enseñados con la base elemental adquirida en las escuelas primarias.
Este hecho, así como la convicción, hace mucho tiempo adquirida, de que
en los trabajos profesionales relacionados con los procedimientos de la
industria, no bastan los conocimientos teóricos, sino que deben ser
completados con la práctica en talleres y laboratorios, fueron los que
me sirvieron de punto de partida para trazar los lineamientos generales
del plan que mereció la aprobación del superior gobierno, en junio de
1898.
El éxito de la
nueva enseñanza, dependía en gran parte de su plan de estudios, pues en
él debían quedar definidos con precisión su objetivo y su alcance.
Además, tenía que dejar igualmente bien establecidos los métodos más
adecuados a emplearse, para llenar debidamente sus propósitos, cuestión
ésta de la más alta importancia, tratándose de una institución de
carácter profesional, destinada a alumnos de preparación puramente
elemental.
Otra de las
exigencias que debía llenar el nuevo plan, era la de abreviar lo más
posible el término del aprendizaje, para lo cual era indispensable una
división racional de los estudios; de ahí la formación de las
especialidades de Técnicos Mecánicos, Maestros de Obras, Químicos
Industriales y Electrotécnicos (esta última recién incorporada por el
decreto de diciembre del año pasado).
Es así como en
un tiempo relativamente corto, los alumnos pueden adquirir la práctica
y los conocimientos técnicos, bien completos dentro de la especialidad
elegida, quedando en condiciones de ejercer su profesión con verdadera
competencia.
Los resultados
obtenidos hasta ahora, hacen creer que el camino era el conveniente,
así por lo menos lo demuestran la aprobación y aplauso de los padres de
familia y el éxito obtenido por los alumnos ya egresados, que han sido
inmediatamente solicitados para trabajos de la industria privada y de
la administración pública. Pero, para que pueda apreciarse la
influencia de esta institución en el desarrollo y progreso industrial
del país, es todavía muy corta su existencia, si tenemos en cuenta que
solamente hace cinco años salieron de sus aulas los primeros
diplomados. Cuando estos jóvenes entren de lleno en la vida activa, y
hayan tenido el tiempo necesario para hacer conocer sus aptitudes,
conquistando posiciones dirigentes en la economía nacional, no tengo la
menor duda que su influencia será de grandes beneficios para el
desenvolvimiento industrial y económico de la nación.
La actual
Escuela Industrial fue creada como institución independiente por
decreto del 17 de marzo de 1899, siendo ministro de Instrucción Pública
el Doctor Magnasco, bajo la presidencia del General Roca, cabiéndome el
honor de ser su Director Fundador.
Señores:
La enseñanza industrial acababa de iniciarse en el país y para que se
abriera camino, fue necesario emplear grandes energías. Con el plan de
estudios se habían colocado los cimientos del edificio, era
necesario por lo tanto continuar su construcción.
La formación y
constitución del personal docente, los talleres, gabinetes y
laboratorios, han sido problemas cuya solución ha requerido mucho
tiempo y una labor continua y pesada. Durante el período de
desenvolvimiento de la escuela, no todo ha sido, pues, de color de
rosa, habiendo por el contrario, pasado en diferentes ocasiones por
épocas adversas. La falta de recursos necesarios y la inconveniencia y
estrechez del local, pusieron en peligro varias veces la subsistencia
de la institución y a no mediar la acción decidida de su personal
directivo y docente, tal vez no celebraríamos hoy esta fiesta de
imborrables recuerdos para nosotros. No son pocos los profesores que
han tenido que enseñar materias técnicas de la mayor importancia,
durante varios años, dictando hasta 12 horas de clase semanales,
con el exiguo sueldo de 131 pesos por mes.
Tampoco han
faltado los opositores y descreídos de toda nueva idea, pero en este
caso, ellos no han podido conseguir ni con sus presagios ni con sus
críticas, detener en su avance irresistible el progresos de una
iniciativa que traía consigo fuerzas vitales tan poderosas y como
ejecutores hombres de voluntad firme, dispuestos a toda costa a llegar
al fin de la jornada.
Creo de mi
deber, sin embargo, manifestar en estas circunstancias que, en medio de
la despreocupación general, no faltaron algunos estadistas de altas
miras, como el entonces señor senador y actual presidente de la
república Doctor José Figueroa Alcorta, que nos estimularon en nuestra
labor. Esta Dirección recuerda con singular simpatía sus visitas, para
informarse de la marcha y progresos de la Escuela, cuando aún estaba en
el antiguo local de la calle Alsina.
La enseñanza que
se da en esta Escuela, proporciona conocimientos acabados, en forma
racional y moderna, y por estar basada en las verdaderas necesidades
del país en sus diversas especialidades, tiene una aplicación inmediata
en la vida real. Tanto en la teoría como en la práctica, se deja a un
lado todo lo que pueda ser simplemente especulativo y nos concretamos a
lo que concurre directamente al fin deseado, que es el formar, en el
menor tiempo posible, profesionales hábiles y competentes en la carrera
elegida. Un país nuevo como el nuestro, que se está desarrollando tan
rápidamente en el orden material, necesita un aumento correlativo de
personas inteligentes y entendidas especialmente en trabajos
industriales; por lo tanto, no se puede perder mucho tiempo en
disciplinas puramente intelectuales, que por otra parte, no conducen
sino a formar hombres teóricos de gabinete, en ves de hombres de
empresa, llenios de energía físicas y morales, que tanta falta nos
hacen.
La competencia
necesaria en los ramos industriales, dado el grado de desarrollo y
perfeccionamiento alcanzado, no puede ya ser adquirida mediante el
aprendizaje práctico solamente, ni tampoco con sólo el estudio teórico
en las aulas; ambas disciplinas son indispensables, y una debe
complementar a la otra.
Este dualismo en
la enseñanza, que caracteriza a la Escuela Industrial, conduce a dos
fines: el uno, inmediato, ya mencionado, de poner al industrial moderno
en las condiciones más favorables para resolver técnicamente sus
problemas, y el otro, mediato y no menos trascendental, que es el de
adaptar mejor la preparación del individuo a las condiciones de la
civilización y cultura dominantes en la actualidad, cuyo norte es el
aprovechamiento cada vez mayor de las fuerzas de la naturaleza,
aquellos en quienes predominan las facultades intelectuales, tienen
ocasión de perfeccionarse en el trabajo manual, dignificado, diremos
así, por su categoría de trabajo experimental de laboratorio, teniendo
además la satisfacción de sentirse capaces de producir algo realmente
útil para sus semejantes, y por el contrario, aquellos en quienes
predominan las fuerzas físicas, y que pertenecen a la clase
trabajadora, tiene a su vez la oportunidad de cultivar su inteligencia,
adquiriendo conocimientos técnicos de gran utilidad, en la ejecución
del trabajo material.
Señores:
Un sistema de enseñanza que no sólo tiene por fin la utilidada
inmediata profesional, sino que tiende al mismo tiempo al
perfeccionamiento de la raza humana, tratando de distribuir mejor y más
equitativamente sus fuerza naturales, tiene que ser bueno y que
arraigarse y perdurar en la vida de las sociedades.
La posibilidad de desarrollar una enseñanza de esta índole en la actualidad, se debe a los adelantos de la ciencia.
Antiguamente,
cuando la técnica y las industrias eran poco conocidas, estaban basadas
principalmente en secretos de elaboración, consistentes en fórmulas más
o menos empíricas, debiendo, por lo tanto, adelantar con paso vacilante
y difícil, en el proceso de desenvolvimiento de las grandes
fabricaciones e inventos; hasta que poco a poco la ciencia,
descorriendo el espeso velo que la ocultaba a los ojos de los hombres,
abrió nuevos y más vastos horizontes a la inteligencia, iluminando con
luz pura y brillante el camino que debía llevar a las industrias, hasta
la prosperidad y perfeccionamientos modernos.
No hay más que
recordar lo que eran las industrias a principio del siglo XVIII, antes
de conocerse las aplicaciones de la fuerza expansiva del vapor,
comparadas con el desarrollo que han adquirido desde la primer mitad
del siglo XIX hasta la fecha, debido principalmente al conocimiento más
profundo de ese agente natural llamado vapor. A James Watt se debe,
pues, uno de los primeros y más importantes pasos en el progreso de la
civilización, puesto que con un verdadero espíritu científico, estudió
en todos sus detalles el elemento al que la industria debe sus
principales y más fecundos adelantos. Pero la verdadera ciencia no
busca ser conocida solamente por un limitado número de privilegiados,
sino que trata de penetrar en el espíritu de la masa productora y
trabajadora, que es quien está directamente encargada de realizar sus
principios y hacerla redundar en beneficio de la humanidad entera. Por
eso, los hombres de ciencia, en Alemania especialmente, se han ocupado
desde hace ya casi un siglo en divulgarla, y han buscado métodos que
permiten comprender, aún a aquellos que no tiene una preparación
superior, la mayoría de los principios científicos en que están basados
todos los procedimientos industriales. Esos esfuerzos han sido ya
coronados por el éxito, como puede verse por la difusión de las
escuelas industriales en el mundo entero.
Señores:
Después de organizada y conocida esta Escuela en su faz institucional,
no quedaba aún terminada nuestra tarea. Las instalaciones del
establecimiento en la calle Alsina, no eran adecuadas, a pesar de
habérsele agregado sucesivamente varias casas de los alrededores; los
alumnos tenían que atravesar frecuentemente la vía pública para ir de
una instalación a otra; no había espacio suficiente para talleres y
laboratorios, y debido al gran número de alumnos que concurría, nos
veíamos obligados a infringir los principios más elementales de la
higiene por falta de luz y de aire. Era urgente pués, modificar este
estado de cosas. Así lo comprendió el entonces Ministro de Justicia e
Instrucción Pública, Doctor Fernández, quien dispuso la construcción de
este edificio, que reúne por ahora todas las condiciones requeridas.
Su edificación
ha durado más de cuatro años, no por la magnitud de la obra, sino por
las interrupciones producidas por causas imprevistas, y a no ser por el
decidido apoyo del actual presidente de la república, la Escuela no
funcionaría aún en él. Era tal la urgencia que había de abandonar el
antiguo local, que el año pasado la escuela se trasladó, a pesar de
estar el edificio inconcluso, y de que albañiles, pintores y demás
obreros, estaban todavía ocupados en terminar sus respectivas tareas.
Hace apenas dos meses se entregó listo el edificio, esto explicará por
qué se hace hoy su inauguración oficial, a pesar de funcionar la
Escuela en esta casa hace próximamente un año.
En estos últimos
tiempos, ha recibido la institución un poderoso impulso, pues el señor
ministro de Justicia e Intrucción Pública Dr. Rómulo S. Naón, ha tenido
la feliz idea de anexarle una Escuela Industrial Nocturna para
aprendices y obreros, la que cuenta ya con 160 alumnos inscriptos, y ha
efectuado además la dotación completa de personal docente indispensable
para el establecimiento.
Acabáis,
señores, de recorrer sus diversas instalaciones y talleres, en donde se
aprende a ejecutar el propio pensamiento teórico, y donde se cultiva y
desarrolla lógicamente el pensamiento práctico. En ellos habéis visto
trabajar más de medio millar de jóvenes, futuros directores de nuestras
industrias actuales, y pioneers de las nuevas, que sabrán utilizar los
abundantes productos naturales, aún no explotados en nuestro suelo,
contribuyendo así a la riqueza e independencia económica del país. En
mi imaginación los veo, ya dirigiendo innumerables fábricas en nuestras
comarcas todavía desiertas, pero que entonces estarán llenas de vida y
pobladas por millares de hombres activos y felices que es para ello uno
de los principales factores.
Veo surgir por
todas partes, grandes chimeneas por donde se escapa el aliento de cada
coloso, de esos que dan vida a un enjambre de máquinas, y transforman
la materia bruta arrancada ala naturaleza, en los más perfeccionados
productos que irán a inundar todo el continente sudamericano.
Son mis más
ardientes deseos, que esta visión del porvenir de nuestra patria se
realice cuanto antes, y mientras viva, no economizaré mis energías,
aplicándolas a la palanca destinada a impulsar y perfeccionar la
enseñanza industrial.
Señores:
Al declarar S.E. el Ministro de Justicia e Instrucción Pública,
inaugurado el edificio de la Escuela Industrial, entrega al país una
nueva institución de enseñanza, definitivamente afianzada en la vida
nacional; me cabe el alto honor de recibirla, tomándome, al mismo
tiempo la responsabilidad de conducirla en la senda del progreso.
En nombre de la
Escuela Industrial de la Nación, agradezco a S. E. el Señor Ministro,
el haber presidido este acto, y a todas las señoras y señores el haber
contribuido a darle realce con su presencia.
He dicho."